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lunes, 19 de mayo de 2014

NUEVAS ETERNAS FORMAS DE ENERGÍA


¿Qué es un vórtice o vórtex?


   Según la definición del diccionario DRAE, un vórtice es:
  1. Remolino de viento o aire que avanza rápidamente y levanta a su paso polvo o materias poco pesadas. Sinónimos: torbellino, remolino.
  2. Centro de un torbellino.


   Ahora bien, en física de dinámica de fluídos, tenemos una definición un tanto más elaborada:
Un vórtice es un flujo turbulento en rotación espiral con trayectorias de corriente cerradas. Como vórtice puede considerarse cualquier tipo de flujo circular o rotatorio que posee vorticidad. La vorticidad es un concepto matemático usado en dinámica de fluidos que se puede relacionar con la cantidad de circulación o rotación de un fluido. La vorticidad se define como la circulación por unidad de área en un punto del flujo.


Entonces, un vórtice toroidal es un vórtice de energía en forma de dona que está dando vueltas constantemente desde dentro hacia afuera, como una voluta de humo.


El toroide es flexible y puede tomar forma tanto de un anillo como de esfera. 




   El toroide es un vórtice esférico de energía, una esfera de energía auto-organizada y auto-sostenible, siendo el centro desde luego su Fuente de energía. Abajo el mismo dibujo de un toroide visto desde arriba o desde abajo.



   Como podemos observar, las ondas de energía del toroide nos recuerdan las familiares formas del centro de un girasol o de una piña. 

   

   Las figuras con forma de hoja se deben a que el toroide está formado de muchas vías de energía lemnisco, como lo vemos en un campo magnético. Observamos energía en forma lemnisco en la sección transversal del toroide, especialmente el Toroide Cuerno. De nuevo la forma lemnisco es mejor conocida con el Simbolo del Infinito, con el punto cero del infinito en su centro, un Nodo.

Veamos un poco esta teoría en acción:












LA MATERIA Y LA ENERGÍA


   Albert Einstein fue uno de los científicos más relevantes del siglo XX al demostrar que la materia era equivalente a la energía, pero esa equivalencia entre la materia y la energía es de todas formas un misterio. Es el gran enigma del siglo que dejamos atrás. La física moderna no ceja en su afán de entender con precisión qué es la materia y la razón por la que parece ser intercambiable por energía. ¿Cómo puede ser la materia, en apariencia tan estática, una forma de energía, que es intrínsicamente dinámica? 




   Tan solo unos pocos años después del descubrimiento de Einstein, se inició la defensiva en contra del propio átomo. Los físicos desecharon la idea tradicional de que el átomo era una partícula indivisible, y la más pequeña, dentro de la materia. La concepción del átomo como una bola de billar se hizo añicos, y resultó que el pequeño elemento se componía a su vez de partículas subatómicas, aún más pequeñas. Hoy en día se sabe que el átomo, en lugar de una masa sólida e indestructible, es en buena forma un espacio vacío. En rigor consta de pequeños electrones (detectados por Sir J.J. Thomson), orbitando alrededor de un núcleo central hecho de otras partículas. Resulta tentador imaginar que estas partículas elementales son, en sí mismas, elementos sólidos parecidos a pequeñas bolas de billar. Pero la física moderna ha demostrado, con relativa claridad, que son destruibles y que pueden transformarse por completo en energía. 

   Pero la pregunta es, ¿qué son las partículas elementales? ¿Y como pueden ser una forma de energía? En lo que fue el siglo XX, los físicos han intentado resolver esos interrogantes. 

   El vórtice de Kelvin nos brinda la respuesta. El vórtice es la clave para entender la estructura precisa de las partículas, y de cómo se halla contenida la energía dentro de ellas. Para Lord Kelvin y sus contemporáneos, el átomo era la partícula elemental: la partícula más pequeña de materia. Era evidente pues, que habría que aplicar su modelo del vórtice del átomo. 

   Con todo, hoy en día se presume que las partículas subatómicas son la porción más pequeña de energía. Si Kelvin viviera hoy, buscaría explicar las partículas y no los átomos. 

   En 1884 Kelvin dictó en los EE.UU. una serie de conferencias acerca de la teoría de las ondas luminosas. Por aquella época se creía que la luz consistía en ondas diseminadas por el éter: sustancia invisible que hipotéticamente llenaba todo el espacio. Kelvin creía en el éter. Es lógico, pues que considerara a los átomos como una serie de vórtices en mitad del éter. 

   Más tarde, sin embargo, los físicos llegaron a concebir la luz de modo bien distinto, y el océano subyacente del éter quedó por completo descartado. Llegaron a aceptar que las ondas de energía podían existir sin un material adyacente en el cual desplazarse. Las olas podían existir sin el océano... al igual que la sonrisa del gato de Cheshire quedaba flotando en el aire, incluso después que el felino se hubiera esfumado. 

   Hoy en día, una teoría del vórtice no requiere del éter. Toda concepción de las partículas como vórtices en mitad del éter seria considerada absurda. Pero, si puede haber una onda de energía a secas, ¿por qué no un vórtice? 

   Kelvin andaba muy cerca. Después de todo, fue uno de los padres fundadores de la termodinámica, la ciencia de la energía. ¡Si tan solo hubiera hablado de energía y no de éter! Su teoría tendría, en este caso, absoluto sentido en nuestros días. Y su fundamento sería más o menos: 





    De partida, el vórtice resuelve el enigma fundamental de la física moderna. Nos muestra por primera vez, como es que la energía está “encerrada” en la materia. Einstein describió la materia como energía congelada. El vórtice nos brinda una imagen mucho más clara: el movimiento es el fundamento mismo de la materia... y no hay nada en ella “congelado”.

   Ahora podemos verdaderamente apreciar lo que Einstein quería significar cuando hablaba de que la masa es equivalente a la energía.


   La energía es inmaterial. No hay un océano de energía parecido al de éter. No es alguna sustancia o un fluido que flota alrededor de nosotros. La energía es dinámica, es acción, es cambio. Podemos representarla como puro movimiento.

   Del mismo modo que el movimiento no puede existir sin una dirección determinada, la energía no existe sin una forma definida. No es que la energía forme un vórtice o una onda, el vórtice es la energía. Las dos formas básicas de energía en nuestro mundo son la materia y la luz. Se supone, con frecuencia, que la luz es energía en forma de onda. Aquí sugerimos que la materia es un vórtice. Igual que las ondas luminosas pueden existir sin un éter en el cual oscilar, la materia no es un vórtice dentro de algo: es pura energía sin soporte material.


   En la naturaleza, la mayoría de los vórtices son de forma cónica. Los tornados y remolinos son conos giratorios. Tales fenómenos naturales ejemplifican bien la naturaleza dinámica de la partícula en vórtice, pero fracasan por completo a la hora de mostrarnos su forma. Es mejor concebir las partículas elementales como esferas en lugar de conos.

   Para configurar una partícula elemental, requerimos de un vórtice esférico, uno que sea por completo simétrico. La partícula en vórtice no puede ser como un cono ni un anillo, ha de ser como una bola: una bola de energía. Pero, ¿cómo pudo surgir una bola de energía? ¿cómo pudo formarse un vórtice esférico a partir del movimiento? 

Representemos el movimiento como una línea. 
Si una línea en particular se enrosca sobre sí misma en espiral puede formar un vértice esférico: una bola de energía en torbellino.

   A partir de ello, apreciamos que bien puede haber dos tipos absolutamente opuestos de vórtices entre los que forman las partículas subatómicas. Uno sería giratorio hacia el centro, el otro hacia fuera. Con un movimiento continuo del vórtice, como un remolino de agua, la partícula quedaría del mismo tamaño.



Este modelo en particular nos sirve para entender cómo es que la materia puede convertirse en energía. 

¿Que ocurría si desenrollamos la madeja de lana? 

Que el hilo desenrollado no cabría en la habitación, debido a su longitud...
De la misma manera, si pudiéramos desenrollar un vórtice de energía, la cantidad de energía liberada sería enorme.

IGUAL QUE UNA MADEJA DE LANA ES UNA FORMA MUY COMPACTA DE ESE MATERIAL, UNA PARTÍCULA DE VÓRTICE ES UNA FORMA MUY CONCENTRADA DE ENERGÍA.



LA FUERZA DE LA ATRACCIÓN


   Una faceta desconcertante de la materia consiste en las fuerzas misteriosas que parecen aflorar de ella, con las que todos estamos familiarizados. Considérese por ejemplo, el magnetismo. Todos sabemos que las limaduras de metal se adhieren a un imán. La carga eléctrica es otra fuerza esencial de la naturaleza. Varios trocitos de papel suelen adherirse a un objeto plástico cargado de electricidad, como una peineta.

   Son fuerzas muy reales y potentes, pero la ciencia no ha conseguido jamás explicarlas cabalmente. Si las partículas de materia son fragmentos inertes de un material determinado ¿cómo es que se influyen recíprocamente?

   El vórtice nos brinda una explicación refinada de tales fuerzas. Los vórtices de energía son intrínsicamente dinámicos. En caso de superponerse entre sí, es evidente que habrán de interactuar. De este modo, el vórtice se sitúa en la base de la materia y nos muestra el por qué de las propiedades que se le atribuyen.


   La gran mayoría de la gente se desalienta ante la física, porque resulta difícil entenderla. Sin embargo, con esta renovada comprensión que aporta el vórtice, la complejidad del tema desaparece. El vórtice convierte a la física en una disciplina clara y accesible, proveyéndonos de una comprensión del universo físico al alcance de cualquiera.

  A pesar de su simplicidad consubstancial, el vórtice puede comenzar a resolver los enigmas de la física. Al concebir las partículas subatómicas como vórtice de energía, puede contribuir a resolver las paradojas que se asocian con ellas. Hace que sus propiedades y su comportamiento resulten bastante más fáciles de entender. Y estamos ahora en posición de  explicar ciertos rasgos del universo sensible que la ciencia ha considerado desde siempre impenetrables.

   El tema de la carga eléctrica, por ejemplo, fue considerado previamente una propiedad irreductible de la materia. De igual modo, se ha dado por sentada, y se considera inexplicable, la existencia de tan solo dos tipos de carga eléctrica. El vórtice permite explicar, a la vez, estos dos aspectos de la materia. Como hemos visto, el vórtice esférico puede formarse de dos maneras absolutamente opuestas: en una, el movimiento giratorio es hacia dentro; la otra, hacia fuera. Estas dos formas se corresponden con la carga eléctrica positiva o negativa.


   Además, el vórtice nos aclara la razón por la que hay solo dos tipos de carga eléctrica en el universo, y no una, o cuatro.

   Hay muchos enigmas de la física que el vórtice puede resolver. Es posible, incluso, explicar ciertos conceptos tan básicos como el de la masa: la masa es una medida de la cantidad de energía contenida en un espiral. Como veremos más adelante, el vórtice da cuenta, a su vez, de la naturaleza del espacio y el tiempo.



Ahora que entendimos un poco la mecánica general básica del toroide, estamos elementalmente preparados para entender algunos conceptos un poco más complejos pero fascinantes. En el próximo post empezaremos a relacionar este conocimiento científico con nuestra problemática espiritual de los últimos tiempos... y la de los primeros también. 





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Publicado por: Anunciadora de Sión
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1 comentario:

  1. Toda la vida, mi vida, viendo la fórmula y sin saber que valores encerraba. Energia igual a masa densificada. Es decir, todo es uno y todo es todo.

    En llanas palabras: La materia es solo mucha energía moviéndose tan lentamente que puede tocarse. La energía es solo poca materia moviéndose tan rápido que tenemos problemas para encontrarla. (Dan Winter)

    Saludos

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