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martes, 7 de octubre de 2014

ANÁLISIS DE LOS PROTOCOLOS DE LOS SABIOS DE SIÓN - Protocolo 20





Es ESENCIAL, antes de comenzar a leer los Protocolos, conocer el significado de algunos términos usados en este documento: 


Protocolo 20

  Los comentarios aparecerán escritos en VIOLETA.



Principios de la ciencia financiera y de los impuestos. Impuestos progresivos sobre las fortunas. Impuesto progresivo. El tesoro público. Tribunal de cuentas. Supresión de los gastos de representación. Suspensión de la vida económica. Circulación del dinero. La moneda del porvenir. La administración financiera de los goyim. Los actuales empréstitos de los estados. Los futuros empréstitos de los estados. Valores industriales. Incapacidad de los gentiles en las finanzas y los impuestos. Consejeros judío-masónicos. 


   Hablemos del programa financiero, reservado para el final de mi disertación por tratarse del asunto más intrincado, eminente y decisivo que consideraremos. Al abordarlo, os recordaré que la suma de nuestros actos se resuelve en cifras

   Cuando llegue nuestro momento, el gobierno absoluto evitará, por su propia salud, recargar de impuestos a las masas; ejecutará así su papel paternalista. Sin embargo, como la función gubernamental cuesta cara, es necesario buscar fondos y organizar las finanzas. 

   En nuestro gobierno, el rey dispondrá legalmente, por derecho de propiedad, de todo cuanto se halle en sus estados. Podrá, por lo tanto, recurrir a la confiscación de aquellas fortunas que juzgue necesitar para regular la circulación del dinero. De esto se deduce que la tributación consistirá principalmente en un impuesto progresivo sobre la propiedad. Así, los impuestos aumentarán en proporción directa a los bienes. Los ricos deben poner a la disposición del estado un porcentaje de lo superfluo, ya que el estado les garantiza el derecho a una ganancia lícita. 


   La revisión de la propiedad evitará toda ganancia ilegal. Esta reforma social ha de venir desde arriba. Ya ha llegado su momento y se necesita, además, para asegurar la concordia. 

   El impuesto sobre el pobre se traduce en germen de revolución: es perjudicial para el estado, que se consume corriendo tras pequeñas ganancias. Además, el impuesto progresivo sobre el capital aminorará el crecimiento de riquezas particulares. Si hemos acumulado en la actualidad incontables bienes es para hacerle contrapeso a las fuerzas del mando cristiano, es decir, a la hacienda del estado. Un impuesto progresivo aportará una renta mucho más elevada que el tributo actual, que excita los ánimos y multiplica el descontento entre los cristianos. 

   La fuerza sobre la que se habrá de apoyar nuestro rey garantizará el equilibrio del poder y la perpetua concordia. Es indispensable que los capitalistas sacrifiquen una parte de sus rentas para asegurar el funcionamiento de la maquina gubernamental

   Las necesidades del estado deben de ser costeadas por aquellos que disponen de los medios para hacerlo. Esta medida acabará con el odio del pobre contra el rico; el primero verá en el segundo una fuerza financiera útil al estado, el sostén de la paz y la prosperidad, aquel que provee las normas para obtener estos bienes. Además, para que los contribuyentes de la clase pensante no reciban mayor disgusto por estos impuestos, se les dará cuenta del destino de esas sumas, exceptuando las que se distribuyan para las necesidades del trono y de las instituciones administrativas. 

   La persona reinante no tendrá propiedades personales, puesto que cuanto le pertenece al estado es también suyo. De no ser así, se suscitarían pugnas; sus rentas personales anularían los derechos de propiedad sobre los bienes de los demás. Los parientes de la persona reinante, exceptuando su heredero que estará también sostenido a cargo del estado, se emplearán como servidores del estado o trabajarán para adquirir el derecho de propiedad. El privilegio de pertenecer a la familia reinante no debe servir de pretexto para vivir a costa del tesoro. 

   Tanto la adquisición de una propiedad como la aceptación de una herencia estarán gravadas con un derecho progresivo de sellos o estampillas. La transferencia de una propiedad, sea por venta o por otra causa, no declarada necesariamente nominal, será castigada con un impuesto de un tanto por ciento a cuenta de su antiguo propietario desde la fecha en que se hizo la transferencia hasta el día en que sea descubierto el fraude. Los títulos de transferencia deberán presentarse al tesoro con los nombres, apellidos y domicilios del antiguo y el nuevo propietario. Este registro será obligatorio a partir de una cantidad fija que sobrepase los gastos corrientes y cotidianos de compraventa y no serán gravados más que con un derecho mínimo por cada unidad. 

   Calculad en cuanto sobrepasarán estos impuestos a las rentas de los estados cristianos. 


   La caja de los fondos del estado deberá contar con un determinado fondo de reserva, y todo lo que sobrepase de ese capital habrá de ponerse en circulación. Se organizarán con estas reservas trabajos públicos y la iniciativa de estos trabajos, que proceden de los recursos del estado, atraerán a la clase obrera hacia los intereses del estado y hacia las personas reinantes. Una parte de estas sumas se dedicara a dar primas por los inventos y la producción. 

   Aparte de las antedichas sumas, no se conservará ni un céntimo bajo ningún pretexto en las cajas del estado. El dinero debe circular y toda retención de fondos repercute perniciosamente en el funcionamiento del mecanismo del estado. El dinero es el lubricante de las ruedas del estado. Al canjear parte del dinero por valores en papel, se produce el estancamiento del capital; las consecuencias de esto son suficientemente conocidas

   Instituiremos también un tribunal de cuentas. El gobierno tendrá en todo momento a su disposición el estado de ingresos y gastos del estado, salvo las cuentas del mes corriente y del anterior. 

   El único individuo que no gana robando las cajas del estado es su propietario, el gobernante. El habrá de evitar las pérdidas y el despilfarro. La representación, con sus recepciones de etiqueta y pérdida de tiempo, será suprimida. No habrá consideraciones con quienes, por cuidar sus intereses particulares, se acercan al trono para darle brillo y pompa. 

   Hemos producido crisis económicas entre los cristianos con el fin de retirar el dinero de la circulación. Cuando los grandes capitales se estancan, los estados tienen que recurrir a las mismas fortunas que han producido el aprieto para obtener dinero. Estos empréstitos cargan de deudas de intereses a los estados. La concentración de la industria en manos de los capitalistas ha destrozado a la pequeña empresa y se ha tragado el empuje del pueblo

   La emisión actual de dinero no corresponde a la cifra del consumo por cabeza. No puede, por lo tanto, satisfacer todas las necesidades de los obreros. Las tiradas de dinero deben guardar relación con el crecimiento de la población, incluyendo a los niños, que son consumidores

   La revisión del cuño de la moneda es esencial en el mundo entero. La mudanza del patrón oro fue perjudicial para los estados que lo adoptaron porque no puede satisfacer al consumo. Ya hemos retirado de la circulación casi todo el oro. 

   Debemos implantar una moneda en base al trabajo, ya sea de papel o de madera. 

   Imprimiremos dinero según las necesidades naturales de cada sujeto, regulando la cantidad en función de los nacimientos y las defunciones. Cada departamento, cada barrio, llevará a tal efecto sus cuentas

   Para evitar que se retrase la entrega de dinero al estado, las sumas y la fecha de su entrega estarán fijadas por decreto del gobierno. Así se evitan también los favoritismos regionales por parte del ministerio de hacienda. Las cuentas de gastos e ingresos se presentarán siempre juntas para su debida comparación. 


   Presentaremos estas reformas que proyectamos en forma que no alarmen a nadie. Haremos ver la necesidad de las reformas como consecuencia de los desórdenes financieros de los cristianos

   El primer desorden, les diremos, consiste en aprobar un presupuesto que aumenta de año en año. Este presupuesto cubre gastos hasta la mitad del año. Entonces se solicita un presupuesto rectificado que se malgasta en tres meses. Después se reclama un presupuesto suplementario. Esto termina con un presupuesto de liquidación. Y como el presupuesto del siguiente año se aprueba según el total del presupuesto general, el déficit normal anual es del 50% y el presupuesto anual se triplica cada diez años

   A causa de estos procedimientos, los cofres de los estados cristianos están vacíos. Los empréstitos los han llevado a la bancarrota. Los empréstitos exponen la debilidad de los estados y el desconocimiento de sus facultades. 

   Como la espada de Damocles, los empréstitos están suspendidos sobre las cabezas de los gobernantes. Estos, en vez de aplicarles a sus súbditos impuestos temporales, vienen a pedirles préstamos a nuestros banqueros

   Los empréstitos extranjeros son sanguijuelas de los estados. Si los estados cristianos no se las arrancan, acaban pereciendo a causa de la sangría que se han impuesto

   En realidad, ¿que representa un empréstito y sobre todo un empréstito exterior? El préstamo conlleva la obligación de pagar los intereses de la suma admitida en un tiempo determinado. Si el empréstito se ha hecho a un 5% de interés en 20 años, el estado ha pagado un interés igual al empréstito. En 40 años habrá pagado el doble, en 60 años el triple, y la deuda queda siempre sin pagar

   Este cálculo evidencia que, bajo la forma de impuesto individual, el estado les quita lo último a los contribuyentes pobres para pagarles a los prestamistas extranjeros ricos. De haber reunido las riquezas nacionales para sostener sus necesidades, no habría tenido necesidad de pagar intereses

   Cuando los empréstitos eran interiores, se mudaba simplemente el dinero del bolsillo del pobre al del rico. Sin embargo, una vez corrompidas aquellas personas que fue menester, dirigimos los empréstitos al extranjero. Desde entonces, las riquezas de los estados pasan a nuestras cajas y los cristianos nos pagan tributo

   En lo que concierne a los negocios del estado, la ligereza de los cristianos, la corruptibilidad de los ministros y la falta de conocimiento sobre hacienda de los gobernantes han llenado a los países de obligaciones. Ya no pueden restituir las deudas.  Lograr esto, nos ha costado grandes esfuerzos y mucho dinero. 




   No toleraremos que se inmovilice el dinero. Por tal, no habrá obligaciones sobre el estado. Se exceptuarán algunos compromisos al 1% a fin de evitar que el pago de intereses alimente la voracidad de las sanguijuelas. 

   Podrán emitir bonos las compañías comerciales capaces de pagar los intereses con sus beneficios. Estas empresas emplean el dinero productivamente, mientras que el estado gasta el dinero prestado sin crear ningún beneficio (lo toma para gastarlo, no para hacerlo producir)

   Los valores industriales serán comprados por el mismo gobierno que, de deudor, se transformará en acreedor y no tendrá ya que pagar intereses. Dicha medida acabará con la parálisis, la indolencia y la pereza que explotamos mientras los cristianos fueron independientes. 

   ¡Cuán evidente es la sinrazón en los cerebros primitivos de los cristianos! Nos toman dinero a interés sin pensar que, tarde o temprano, tendrán que pagarnos con los recursos del país. Parece que no entienden que habrán de devolvernos el capital prestado más los intereses. ¡Saldrían mejor tomando el dinero que necesitan directamente del contribuyente! Esto evidencia una sagacidad muy superior de nuestra parte: les hemos presentado el negocio de los empréstitos de tal manera que lo creen ventajoso para sí... 

   Cuando llegue el momento, presentaremos cálculos claros y certeros que demostrarán la utilidad de nuestras innovaciones. Esto será posible gracias a la experiencia de los siglos que hemos vivido en los estados cristianos. Entonces se le pondrá fin a los abusos, gracias a los cuales teníamos a los cristianos bajo nuestro poder. Formularemos un sistema de cuentas exactas que no le permita ni al gobernante ni al más modesto funcionario desviar fondos sin que se note, ya sea para sí o para destinarlos a proyectos que no hayamos indicado. 

   No se puede gobernar sin tener un plan definido. Hasta quienes siguen un camino seguro, pero sin un plan de acción, se pierden en el camino. Aconsejados por nosotros mismos, los gobernantes cristianos desatendían los asuntos de estado. Perdían su tiempo en recepciones, cuestiones de etiqueta y diversiones. Los volvimos reflejos de nuestro gobierno oculto. Los datos que presentaban sus delegados estaban fabricados por nuestros agentes con el fin de satisfacer a los menos sagaces con promesas de un provechoso porvenir. Les decíamos que harían economías con nuevos empréstitos. Y no nos reclamaban nada. Fijaos bien a lo que les ha conducido su despreocupación, a que desorden financiero han llevado el esfuerzo de sus pueblos. 






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Publicado por: Anunciadora de Sión

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